Vivir en la frontera. Vivir de la frontera
La frontera luso-española, conocida vulgarmente como «La Raya», con más de siete siglos de historia y sus 1.234 kilómetros de longitud, constituye la frontera más antigua y extensa de la Europa Comunitaria. Dicha frontera no fue definida sólo ni principalmente por la orografía, sino que ha sido y es, sobre todo, una frontera política de carácter histórico y sociocultural. La frontera entre España y Portugal se gestó gradualmente durante la Edad Media, al tiempo que surgía el reino de Portugal y se fraguaban los demás reinos peninsulares. La historia de esta frontera registra numerosos conflictos y escaramuzas, desencuentros donde lo político y lo militar han jugado un papel relevante, forjando un carácter desconfiado, excluyente y destructor, imponiendo una frontera bélica como línea divisoria entre reinos hermanos de sangre y de fe, pero enfrentados en lo material y cotidiano.
Las disputas por los territorios fronterizos entre los emergentes reinos cristianos peninsulares se entablaron con mayor o menor intensidad a lo largo de la Edad Media y Moderna, alcanzando incluso la contemporaneidad. Los sucesivos enfrentamientos bélicos y los pactos territoriales entre los reyes cristianos terminaron generando un cierto equilibrio de fuerzas, de manera que, a finales del siglo XIII, con la firma del Tratado de Alcañices (1297), la frontera hispano-lusa ya aparecía prácticamente definida con sus actuales límites territoriales; no obstante, dicho proceso se extendió a lo largo del tiempo hasta la actualidad, dado que. A pesar de la firma de sucesivos tratados de límites entre ambos estados, aún persisten discrepancias acerca de la legitimidad española sobre determinados tramos de la frontera internacional.
La frontera hispano-lusa ha sido, durante varios siglos, un territorio semidespoblado y alejado de los centros del poder, un vasto espacio solar utilizado por los respectivos poderes peninsulares como zona de seguridad a costa de la inseguridad de sus pobladores; una tierra indefinida y peligrosa donde se sucedían las escaramuzas y los constantes saqueos. En La Raya, junto a la frontera política y conflictiva de las reyertas o contiendas se desarrolló una frontera osmótica, permeable, llena de encuentros y de oportunidades. Con el tiempo, la nueva frontera se convirtió no sólo en un referente político y territorial sino en una potencial fuente de ingresos mediante la regulación, control y fiscalización de los tráficos mercantiles. El control de la frontera y especialmente de los pasos aduaneros y del contrabando, fue un codiciado objeto de disputa entre los diversos poderes altomedievales, cuya gestión acabó recayendo en manos de la monarquía.
Las restricciones y las prohibiciones, la guerra y la paz, han venido impuestas generalmente desde los alejados centros del poder por los respectivos estados nacionales; pero estos no han conseguido domeñar a las poblaciones rayanas en su afán de contacto y comunión con los del otro lado, ni han logrado evitar que sigan casándose entre ellos ni que hablen portuñol en las tabernas. Así pues, nos encontramos en este contexto con la confrontación entre la lógica del Estado y la lógica de las poblaciones rayanas, debido a que las fronteras no se soportan solo ni principalmente en tratados y mapas sino también al nivel de la vida social y cultural de las comunidades rayanas. De manera que podemos identificar claramente la coexistencia de una «frontera política» y de una «frontera comunitaria», donde la tensión generada entre estas dos lógicas diferentes —estatal/comunitaria— y generalmente enfrentadas, junto con la transgresión sistemática de la frontera como paradigma, generan o pueden llegar a generar en determinadas circunstancias una «cultura de frontera». En este contexto, la lógica del Estado reviste un afán legitimador y fiscalizador disfrazado de paternalismo, mientras que la lógica de las comunidades rayanas se asienta sobre una estrategia de ambivalencias y ambigüedades adaptada a las circunstancias y a las necesidades de la vida diaria. Este juego interesado de identidades y pertenencias era y es propio y característico del denominado «ser rayano». Dicha instrumentalización se refleja, con particular evidencia, en un tipo peculiar de actividad transfronteriza: el contrabando tradicional.
Los habitantes de La Raya son etiquetados por el resto de la población mediante un vocablo específico para referirse a ellos: los rayanos. Los rayanos son denominados así más por la gente de fuera que por ellos mismos; aunque se ven más condicionados por la existencia de la frontera política que el resto de los nacionales, no han desarrollado símbolos identitarios propios y tienden a reacomodar su identidad a las identidades locales y nacionales respectivas. Paradójicamente, en la frontera, el sentimiento de identidad nacional parece verse reforzado por la mayor interacción con «el otro», el cual denota una figura esencialmente ambigua, pues es percibido tanto como un problema como una oportunidad. No obstante, en determinados enclaves de la frontera interior existe algo así como una atmósfera moral compartida por la mayor parte de los habitantes que forma parte constituyente del «ser rayano» y de esa supuesta «cultura de frontera». Esta perspectiva interaccionista nos proporciona sugerentes orientaciones para adentrarnos en la nebulosa naturaleza de los paisajes morales y culturales de La Raya luso-española.
Quiero hacer constar mi agradecimiento a todas las personas que de forma tan desinteresada y generosa me han regalado su tiempo y su relato durante todos estos años: a Juan, a José, a Jerónimo, a Rosa, a Antonio, a Lorenza, a Francisco… a todos ellos les devuelvo, ahora, este reflejo de sus vidas en la frontera.
Eusebio Medina García (Orellana la Vieja, Badajoz, 1960), doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, es profesor titular del Departamento de Dirección de Empresas y Sociología de la Universidad de Extremadura. Entre sus líneas de investigación sobresalen los Estudios sobre Fronteras Internacionales y las Relaciones Transfronterizas. Durante más de una década ha ejercido como investigador principal del Grupo de Estudios Sociales Aplicados (GESSA) de la Universidad de Extremadura. Entre sus líneas y temas de investigación sobresalen los Estudios sobre Fronteras Internacionales y las Relaciones Transfronterizas. Ha participado en varios proyectos vinculados con temáticas fronterizas, desarrollados en el contexto de Iberoamérica (Portugal, México, Cuba, Ecuador y Argentina).
Para saber más:
Medina E. 2025. Memorias de la Frontera: historias de la Sierra Fría. Editorial Cuatro Hojas.
Medina E. 2025. Historias de La Raya, II: Testimonios de José Morato, alias Florindo, contrabandista del Pino y de José Carvalho Belinho, contrabandista de Montinho. Revista de Estudios Extremeños, 81, 2: 398-412.
Medina E. 2019. Fronteras políticas y paisajes culturales en los límites del Estado nación. Revista de historiografía (RevHisto), 30: 73-95.
Medina E 2010. Historias de la frontera. “La pastora”. Arenal: Revista de historia de las mujeres, 17, 2: 423-432.
Medina E. 2006. Historias de la Raya: Antonia la Lirina y Joaquím José Ramalho, alias «el Lagarto». Revista de Estudios Extremeños, 62, 3: 971-1009.
Medina E 2006. Orígenes históricos y ambigüedad de la frontera hispano-lusa (La Raya). Revista de Estudios Extremeños 62, págs.: 713-723.
Medina E. 2003. Contrabando en la raya de Portugal. Institución Cultural El Brocense.
Medina E. 1999. El contrabando de postguerra en la comarca de Olivenza. Revista de Estudios Extremeños, 55, 3: 1141-1168.