El contrabando tradicional (II)
Las mochilas más antiguas estaban hechas con tela de arpillera, muy resistente; posteriormente, las mochilas de tela se sustituyeron por sacos plastificados herméticamente cerrados, que servían a veces como flotadores para cruzar el río. La mochila iba sujeta al cuerpo del mochilero con unas correas, a modo de tirantes; con el fin de amortiguar la incisión de estas correas sobre los hombros y la parte delantera del torso, se insertaban unas suelas de caucho a la altura delantera de los hombros.
La mochila estaba compuesta generalmente por dos piezas complementarias e independientes: el fiador y la carga. El fiador era una mochila más pequeña, una especie de talega que normalmente se colocaba encima de la mochila grande. El fiador estaba sujeto al cuerpo del contrabandista con sus propios tirantes, de manera que cuando soltaba la carga principal, el fiador permanecía unido al mochilero. En el fiador se metía, a veces, la comida para el camino, y en el viaje de regreso servía para transportar tres o cuatro kilos de café que se salvaban huyendo, en caso de sufrir un asalto por parte de los guardias.
En el video original e inédito que se incluye a continuación, Juan Cepa Velo, natural de Jola, alquería de Valencia de Alcántara, nos muestra detalladamente cómo se confecciona una mochila de contrabando; además nos narra episodios muy elocuentes del contrabando tradicional en esta parte de la frontera interior, en los que él mismo fue testigo y, en algunos casos, protagonista. El documento ilustra de manera ejemplar lo que fue una vida en la frontera y más allá.
Entrevista a Juan Cepa Velo, contrabandista de Jola, Campiña de Valencia de Alcántara (España).