La vida tradicional en la frontera (y II)
El contrabando tradicional es un tipo peculiar de contrabando, practicado por las poblaciones rayanas desde los orígenes de la misma frontera. El contrabando tradicional, y, por extensión, todos los contrabandos, constituyen la transgresión real más elocuente de la frontera, violando las normas y las líneas de demarcación establecidas por los Estados, defendidas por los representantes del poder instituido en la frontera y eludiendo, al mismo tiempo, el pago de los correspondientes impuestos a las respectivas Haciendas. El contrabando tradicional es, además, un fenómeno singular, polisémico, ambiguo y paradójico, caracterizado por generar una pluralidad de situaciones complejas, muchas veces contradictorias que dificultan e imposibilitan una lectura o interpretación lineal del mismo.
Una vez que el contrabando se asumía como actividad regular, éste imponía en gran medida una determinada forma de vida, incluso cierta manera de ser. No obstante, la personalidad tipo, los hábitos y las costumbres de la mayor parte de los mochileros, cargueros y contrabandistas ocasionales eran similares a los del sujeto corriente de la comunidad a la que pertenecían.
En localidades fronterizas como Ayamonte, Villarreal de Santo Antonio, Jabugo, Alcoutim, Paymogo, Barrancos, Cheles, Olivenza, Badajoz, Elvas, Campomaior, La Codosera, Zarza la Mayor, Salvatierra do Extremo, Arronches, Esperança,Valencia de Alcántara, Valverde del Fresno, Eljas, Penha García, Soito, Quadrazais, San Julião, etc., a ambos lados de la frontera, los contrabandistas —como el que muestra la imagen— eran numerosos y tendían a vivir agrupados. En algunos de estos enclaves parece que se generó una peculiar subcultura del contrabando.