El fin del contrabando tradicional
El auge y el éxito comercial de las empresas torrefactoras de La Raya dependió, durante mucho tiempo, del correcto funcionamiento de estos circuitos de introducción ilegal, ya que el mercado natural de estas industrias estaba y está localizado principalmente en España.
La emigración masiva iniciada a mediados de los años cincuenta del pasado siglo afectó profundamente a las comarcas fronterizas de España y de Portugal. La emigración se convirtió en sí misma en objeto de contrabando —contrabando de personas— y redujo en pocos años la fuerte presión demográfica existente en la frontera. Esto favoreció una cierta relajación en las actividades de control y represión sobre el contrabando tradicional, a pesar de que las leyes siguieron siendo muy duras. Por otra parte, las fronteras del mundo del contrabando se volvieron difusas a medida que aumentaba el número y la variedad de personas dedicadas profesional o esporádicamente a esta actividad.
Poco a poco, el contrabando tradicional se trivializó y las cuadrillas de contrabandistas profesionales fueron dejando paso a grupos informales más amplios, sin criterios claros de interacción ni de pertenencia. El contrabando tradicional de las cuadrillas fue perdiendo así sus contornos, diluyéndose en una amalgama informe de oportunistas, al tiempo que se suavizaban las condiciones extremas sufridas durante la larga posguerra española y ambos países se embarcaban en un proceso de apertura y de cambios estructurales que afectaron a la sociedad entera y, de rebote, a la actividad tradicional del contrabando en la frontera interior.