Las condiciones de trabajo

Las condiciones de trabajo
1963, junio. Cinco obreros vierten hormigón y lo extienden. Umbral del vertedero de la presa de Los Hurones (Cádiz). Fotografía cortesía de José Melguizo

Las condiciones de trabajo

En Algar, localidad donde se alojaba la mayor parte de los obreros mientras se construía el poblado, no hubo agua corriente hasta 1975; se usaban aljibes que recogían el agua de lluvia. Por las noches un camión de la empresa recogía agua de un manantial y hacía reparto entre las familias obreras en Algar. A pie de obra se repartían búcaros o cántaras con agua, que procedía de un manantial cercano. Con los años se instaló un depósito donde se filtraba con arena el agua del río.

Pasó un tiempo hasta que los talleres se conectaron a la línea de electricidad procedente de Puerto Galiz, unos 20 kilómetros sierra arriba. Y los primeros camiones utilizados en la obra eran pequeños y de gran tonelaje; diseñados más para la guerra que para la construcción.

No se contaba con repuestos, de modo que los trabajadores habían de fabricar las piezas en tiempo mínimo para que la maquinaria estuviese activa el día siguiente. Como el cemento escaseaba se empezó a fabricar en la propia obra. La principal fuente de caliza fue la cantera de El Cabezo. Manuel Contreras (Arcos de la Frontera, 1938), soldador, recuerda: «La machacadora rompía las piedras de la cantera con unas coronas grandísimas y un eje excéntrico, y los dientes de los piñones eran muy gordos y se desgastan fácilmente. Las reparaciones salían de la potencia tuya, del ansia por aprender, de la imaginación. ¿Cómo lo sueldo para que no se me parta a la primera?»