Julio / Agosto 2026

Eclipses totales de sol: de la ciencia al turismo

A lo largo de la historia, los eclipses totales de sol no solo han dado origen a falsos relatos, leyendas y mitos, sino que también han influido en reyes y gobernantes y, en ocasiones, se han asociado a acontecimientos históricos, lo que ha permitido datarlos o darles una especial relevancia. Además, en los dos últimos siglos, gracias a los avances científicos y tecnológicos y al gran desarrollo del transporte y las comunicaciones, los eclipses han proporcionado un conocimiento cada vez mayor de nuestra estrella más cercana, el sol, y han favorecido que millones de personas disfruten de este fenómeno.

Los eclipses de sol, y especialmente los inesperados y asombrosos eclipses totales, suelen describirse en las crónicas de la Edad Antigua de forma tan vaga, confusa o incluso legendaria que los intentos modernos por identificarlos resultan muy a menudo infructuosos. Solo a partir del periodo helenístico fue posible predecir que un eclipse solar ocurriría y, además, que sería total. Sin embargo, el conocimiento impreciso del movimiento de la luna dificultaba la determinación de dónde se podría observar el eclipse como total, circunstancia por la que este fenómeno seguía sorprendiendo a quienes lo presenciaban, disfrutándolo o, más comúnmente, temiéndolo.

Las primeras descripciones de eclipses solares en la Europa medieval suelen ser muy breves y, en ocasiones, los vinculan con desgracias como la peste, los terremotos, la muerte de emperadores y atentados contra la vida de papas. Algunos predicadores incluso los consideraban causa de la degradación moral: «Surgieron pronto los vicios más vergonzosos: el incesto, el bandidaje, la lucha ciega de las pasiones, el robo y el adulterio» (Raoul Glaber, ca. 985-1047, de su obra Cinco libros de historias» en relación con el eclipse del año 1033). Ante su rareza e imprevisibilidad, cada nuevo eclipse seguía provocando temor y perpetuaba las viejas supersticiones asociadas a ellos.

A principios del segundo milenio, algunas crónicas relatan la contemplación tranquila que la gente común hacía del eclipse y del cielo estrellado diurno visible durante la totalidad, conocedores ya de que se trataba de un fenómeno natural y no de un presagio de desgracias y adversidades. A pesar de lo cual, aún en el siglo XV, con ocasión de un eclipse total visto en Salamanca, se encuentran relatos del temor de algunas personas, que buscaron refugio en las iglesias.

En el siglo XVIII, finalmente fue posible predecir eclipses con bastante precisión y representar en mapas la estrecha franja en que sería visible un eclipse total. Para mejorar uno de estos mapas, se solicitó la colaboración ciudadana: Edmond Halley animó a quienes se encontraran dentro o cerca de la franja de totalidad por él calculada a que le informaran después si habían presenciado el eclipse total y, de ser así, cuánto había durado. Decenas de relatos de observaciones de algunos de los eclipses de ese siglo se publicaron en revistas y libros.

A lo largo del siglo XVIII todavía era raro que alguien viajara para ver un eclipse total, a pesar de disponer de predicciones cada vez más precisas sobre dónde sería visible la totalidad. En cambio, a lo largo del siglo XIX un número creciente de personas viajó a lugares remotos para disfrutar del espectáculo. En efecto, las mejoras en los instrumentos de observación, la mayor facilidad de transporte (ferrocarriles, barcos de vapor) y un creciente interés en el estudio científico del sol propiciaron las primeras expediciones de astrónomos a la zona donde era posible observar un eclipse total. Es más, la observación del eclipse total de 1842 en Europa interesó a muchas personas instruidas o simplemente atraídas por el curioso fenómeno, algunas de las cuales enviaron posteriormente relatos de sus observaciones a profesionales como François Arago, quien las compendió, comparó y comentó extensamente. Varios de estos observadores habían viajado desde su lugar de residencia hasta la franja de totalidad: entre ellos hubo médicos, farmacéuticos, monjes, profesores universitarios y de escuelas militares, militares, marinos, viajeros, literatos y gente común. Los veinte mil habitantes de la ciudad francesa de Perpiñán se congregaron en las terrazas, murallas y  montículos exteriores para disfrutar del insólito fenómeno, que ya se había convertido en un espectáculo popular.

La prensa diaria tuvo un papel cada vez más decisivo a la hora de estimular la participación ciudadana en el disfrute de los eclipses y de todo lo relacionado con ellos cuando estos tenían lugar en un país poblado y desarrollado. Tal fue el caso de los eclipses totales visibles en España en los años 1900 y 1905. En crónicas diarias se relataban los avances en la instalación de observatorios temporales en diversos lugares de la península, la llegada de eminentes astrónomos extranjeros y las reacciones y colaboración de las autoridades. Muchas personas se desplazaban ocasionalmente a pie, en tren, autobús o medios particulares para presenciar los preparativos. Los astrónomos extranjeros se sorprendieron al encontrar la amable colaboración de las autoridades y la curiosidad de numerosos y educados ciudadanos, lo que les obligó a rectificar los prejuicios desfavorables con los que habían llegado a España. El día del eclipse, miles de viajeros se desplazaron en abarrotados trenes hasta los lugares donde se podía observar la fase de totalidad.

En los últimos años ya no son miles sino millones las personas que viajan para disfrutar de un eclipse total, si este se da en lugares adecuados. La accesibilidad casi generalizada del transporte privado y el gran abaratamiento de los precios de los vuelos, gracias a la clase turista, permiten llegar al destino elegido. La disponibilidad casi universal de los teléfonos inteligentes, que permiten fotografiar, filmar y compartir experiencias propias al instante, también ha incrementado el interés por disfrutar la vivencia única y sobrecogedora de un eclipse total de sol. Millones de personas presenciaron las fases de totalidad de los eclipses de 2017 y 2024, visibles en Norteamérica, y presumiblemente ocurrirá lo mismo con los próximos eclipses totales de los meses de agosto de 2026 y 2027. Aunque la duración observada de la totalidad sea de tan solo uno o unos pocos minutos, la impresión que dejará entre quienes la presencien será imborrable.

 

Pere Planesas Bigas, ahora jubilado, trabajó como investigador de Astrofísica en el Observatorio Astronómico Nacional de España, el Instituto Tecnológico de California (Caltech), en EEUU, y el Observatorio Europeo Austral (ESO), en Chile. Planesas ha contribuido al Museo Virtual de Ecología Humana con las Piezas del mes La medida del tiempo en la Antigüedad (febrero de 2024) y, en colaboración con Carlos Varea, Ciclo vital y aprendizaje en una obra del Prado del siglo XVIII (septiembre de 2025).

 

Para saber más:

Planesas, P. 2005. Eclipses de sol. El eclipse anular de sol del 3 de octubre de 2005 en España, ed. Centro Nacional de Información Geográfica (CNIG).

Planesas, P. 2026. Eclipses totales de sol. Historia, relatos y controversias, disponible solo en Amazon.

VV.AA. 2025. Eclipses de sol. Los eclipses “españoles” de 2026, 2027 y 2028, ed. Centro Nacional de Información Geográfica (CNIG).

VV. AA. 2026. Eclipses. El sol y sus eclipses en la ciencia, la historia y las artes, ed. Geoplaneta.