Amuletos en Roma: una protección común contra el mal de ojo

Amuletos en Roma: una protección común contra el mal de ojo
Siglo I d.n.e. Miembros más jóvenes de la familia imperial en el Ara Pacis Augustae. A la izquierda, el más pequeño cogido de la mano de una mujer lleva colgada una bulla. A la derecha, la niña más alta, lleva una lúnula. Foto de R. Rumora (2012) © R. Rumora

Amuletos en Roma: una protección común contra el mal de ojo

La magia en la vida cotidiana de las mujeres

Las civilizaciones antiguas nos han dejado un buen número de objetos a los que se atribuían funciones protectoras y apotropaicas (contra el mal de ojo). Hechos de materiales muy diversos (gemas, arcilla, metal o papiros, entre otros), con o sin inscripciones de textos mágicos, otorgaban a quienes los portaban cierta seguridad contra las fuerzas sobrenaturales perniciosas.

De manera muy particular, el pueblo romano utilizó un número muy amplio de amuletos con forma fálica, conocidos con el nombre de fascinum, que comenzaron a conocerse a partir del descubrimiento de Pompeya y Herculano, y tuvieron un efecto perturbador en la moral de la época. Se han encontrado estos amuletos en materiales variados y de muchas formas: pendientes, anillos, lámparas de aceite o bajorrelieves. Pero quizá la representación más llamativa es la de los llamados tintinabula, campanillas de viento que se colgaban en las casas para alejar la invidia («la mirada dañina»). 

Los niños y las niñas constituían en su conjunto un colectivo particularmente vulnerable en la Antigüedad, para quienes los amuletos resultaban casi imprescindibles. Estos objetos imponían también distinciones de género. Por un lado, tenemos las bullae («burbujas»), una especie de funda hecha frecuentemente de metal, que incluía algún tipo de amuleto y que los niños llevaban colgadas al cuello hasta que asumían la toga viril (una suerte de «puesta de largo» para los varones romanos). Por el otro, aunque el comediógrafo Plauto (La maroma 1171) da noticia de que también las niñas podrían llevar bulla, según transmite Isidoro de Sevilla en sus Etimologías (19, 31, 17), el amuleto típicamente femenino era la lunula («pequeña luna»), que, como su nombre indica, tenía forma de luna creciente. De ellas también da testimonio Plauto (Epídico 639-640) y, pese a no tener una gran presencia en las artes figurativas, la encontramos representada en una de las niñas que aparecen en el Ara pacis, el descomunal altar de la paz que mandó erigir Augusto.

 

Luis Unceta Gómez