Nacer en Madrid, morir en Sotillo de la Adrada
I. Ritmos de vida y muerte en un pueblo de la Sierra
El día 30 de agosto de 1859, el cura ecónomo de Sotillo de la Adrada, Felipe Domínguez, apunta en el Libro de difuntos de la parroquia que mandó dar sepultura al párvulo Juan, muerto el día anterior. El 11 de septiembre remite copia de esta partida a la Inclusa de Madrid. En ella puntualiza que el niño provenía de aquella y que estuvo «a cargo en su lactancia de Paula Martín, mujer de Pascual Guerra».
Fue esta noticia la que despertó nuestra curiosidad: ¿De dónde venía ese niño? ¿Cómo habría ido a parar a una pobre casa de un pueblo tan apartado de la capital —teniendo en cuenta lo lento e incómodo que era viajar en ese tiempo—? ¿Qué se puede decir de la tal Paula Martín y de toda la familia que le tocó en suerte al expósito? ¿Por qué no vivió más? ¿Cómo se puede explicar la muerte tan temprana? ¿A qué causas, a qué fallos humanos y lacras sociales se podría achacar? [Wolfram Aichinger.]