Cunas, mortajas y necrónimos. Maternidades de una aldeana

Cunas, mortajas y necrónimos. Maternidades de una aldeana
Izquierda: Finales del s. XIX. «Cuna de madera de pino, hecha por un artesano local», Almendral de la Cañada, Valle del Tiétar. Foto de Julio Sánchez Gil © Julio Sánchez Gil, Derecha: Primera mitad del siglo XX. «Andador o tacataca de pino, hecho por artesano local de Almen-dral de la Cañada», Valle del Tiétar. Foto de Julio Sánchez Gil © Julio Sánchez Gil

Cunas, mortajas y necrónimos. Maternidades de una aldeana

I. Ritmos de vida y muerte en un pueblo de la Sierra

«Madre, ¿qué cosa es casar? Hija, hilar, parir y llorar.» Gonzalo Correas (1571-1631),

Vocabulario de refranes y frases proverbiales

 

Estas son las fechas clave en la vida de Paula Martín, el ama que se hizo cargo de Juan en 1859:

1824, 17 de agosto: nace Paula Martín en Sotillo de la Adrada.

1842, 24 de noviembre: se casa con Pascual Guerra, este le lleva cinco años.

1844-1857: nacen sus hijos.

1844, 1 de abril: nacimiento de Venancio.

1846, 2 de septiembre: Esteban; muere el 29 de marzo de 1848.

1848, 6 de septiembre: nacimiento de Eugenia.

1851, 11 de julio: nacimiento de Bernabé Antonio.

1853, 26 de diciembre: nacimiento de Esteban.

1855, 24 de octubre: nacimiento de Rafaela, muere el 9 de noviembre de 1856.

1857, 28 de septiembre: nacimiento de Cipriana.

1859, marzo: acogida de Juan Bautista de la Concepción, de la Inclusa de Madrid.

Tendemos a olvidarnos de un hecho esencial: las amas de cría suelen tener hijos propios y suelen darles el pecho. Paula Martín dio a luz siete hijos, dos de ellos murieron antes de cumplir el segundo año de vida.

Al segundo hijo, Esteban, Paula lo acompaña a la tumba embarazada de cuatro meses: muere en marzo, la hermana Eugenia nace en septiembre del mismo año. Hay poco trecho de la mortaja a la cuna, de la cuna a la mortaja. Sin embargo, la memoria de un hijo difunto puede pervivir con el nombre de pila que vuelve a darse a un hermano menor. El nombre Esteban primero se da al segundo hijo varón y luego vuelve a ponerse al quinto. El primer Esteban muere en marzo de 1848, el segundo Esteban nace en 1853, el 26 de diciembre: feliz coincidencia, puesto que es fiesta de san Esteban y se da la oportunidad de honrar tanto al santo del día como la memoria del hermano difunto.

La homonimia entre hermanos no es privativa del siglo XIX. La observamos en muchas familias de la temprana Edad Moderna y fue costumbre que perduró hasta bien entrado el siglo XX. Un niño muerto en estado de inocencia volaba al cielo directamente y era poderoso intercesor para los vivos. Era a esta creencia, a este consuelo al que se aferraba una madre desconsolada. El cielo se veía lejos de las piedras y los pesares de un pueblo de la Sierra, cierto. Tanto mayor el afán por acercarlo mediante imágenes (el siglo XIX es el siglo de las fotos de niños muertos, las encontramos en las novelas de Galdós); mediante el toque de campanas que llevaran a un niño difunto al más allá; y mediante el nombre de un hermano ya convertido en ángel.

Tanto hoy como en el pasado ha habido casas sin niños. Sin embargo, la posibilidad de nacer tercero, cuarto, quinto o sexto era entonces mucho mayor, y también la de llegar a un hogar en que ya había llantos por un hermano difunto. Es una diferencia esencial cuyas repercusiones culturales están por explorar.

En lo que a Paula Martín y a los suyos se refiere, queda por añadir que pronto habría de seguir a su hijo de leche al reino de las sombras; murió el 2 de abril de 1860, unos siete meses después de fallecer Juan a consecuencia de un «ataque cerebral», según el informe del facultativo. Su cónyuge, Pascual Guerra, volvió a casarse en diciembre de 1863, con una tal Francisca Jiménez, viuda de Mateo Bravo. Pascual pasó a mejor vida en 1884, a los 65 años de edad. En ese momento seguían vivos sus hijos Venancio, Bernabé Antonio y Esteban. Queda por investigar la muerte de la hija Cipriana, de esa hija que cedió la leche de su madre al niño de la Inclusa. Los libros parroquiales hacen mención de ella en julio de 1877, cuando, soltera y de 20 años de edad, saca de la pila de bautismo a su sobrino Mariano Antonio, hijo de su hermano Bernabé Antonio. [Wolfram Aichinger.]