El «nicho de ramas terminales»  

El «nicho de ramas terminales»  
2020. 'Archicebus aquilles'. Ilustración: Álvaro Bernis © Álvaro Bernis

El «nicho de ramas terminales»  

Pero, ¿cuándo y dónde surgimos los primates?

En el tránsito del Paleoceno al Eoceno (hace 55 m.a.) el clima planetario se hizo más cálido, favoreciendo la extensión del cinturón de selva tropical hasta latitudes circumpolares y con ello la diversificación y expansión de muchos de los órdenes de mamíferos actuales, incluidos los primates. Aun cuando los datos genómicos indican un origen más antiguo (en torno a 78 m.a.), es entonces cuando aparecen en el registro fósil los primeros primates en el hemisferio norte, Asia y, algo después, África. Son los denominados «Euprimates», «Primates auténticos», en contraposición con los plesiadapiformes, un orden extinto muy interesante, constituido por 120 especies muy próximas a los primates y por ello a veces consideradas «Primates arcaicos». Los plesiadapiformes (como Carpolestes simpsoni) muestran similitudes con los primates (por ejemplo, la capacidad prensil) y ocupaban también el dosel de la selva, pero su diferencia esencial es que tenían aún un mayor predominio del sistema olfatorio que del visual (y, con ello, una limitada encefalización). Al inicio del Eoceno ya se habían extinguido.

Al inicio del Eoceno ya es posible identificar a los primeros primates en sentido estricto. Son los adapiformes y los omomiformes, que se asocian (como clado o como ancestros directos) con los actuales linajes de los estrepsirrinos y los haplorrinos, respectivamente. Uno de ellos, Adapis parisiensis (un adapiforme) será el primer primate fósil descubierto, descrito en 1821 por George Cuvier (1769-1832). Al igual que los plesiadapiformes, eran insectívoros o ya frugívoros, y de  pequeño tamaño corporal. Este reducido tamaño se corresponde con nuestro hábitat originario, el denominada «nicho de ramas terminales», el estrato superior de las selvas, o dosel, y una locomoción denominada de «salto y agarre».

Archicebus aquilles (al que corresponde la imagen superior) es un haplorrino de hace 55 m.a., hallado en China en un excelente estado de conservación y presentado en 2013 en la revista Nature. Es de muy reducido tamaños corporal, con un peso de 20-30 gramos, de lo que se deduce que era esencialmente insectívoro. Ya diurno, presenta desplazamiento frontal de los ojos (la reducción olfatoria permitió la reducción del hocico) y órbitas reducidas. Impulsado por la especialización visual, tiene ya un gran cerebro relativo en comparación con otros mamíferos de su época. Mantiene la estructura arcaica mamífera pentadáctila, pero sus dedos son largos y tienen uñas en lugar de garras (y cabe imaginar que con yemas de gran sensibilidad táctil, gracias a los dermatoglifos). Además, los dedos gordos de manos y pies (denominados pollex y hallux, respectivamente) son oponibles a los otros cuatro, es decir, con capacidad prensil, lo que le otorgaba la posibilidad de agarre y manipulación. Finalmente, tiene una anatomía corporal derivada, más erguida (llamada «ortogradismo»), con predominio de los miembros inferiores, más largos que los superiores, desplazándose por los árboles con la modalidad de locomoción denominada de «salto y agarre».

Archicebus aquilles permite así apreciar las características definitorias de nuestro orden, en las que se esbozan ya nuestra condición de seres humanos. [Carlos Varea]