Pobreza género y desarrollo

La desigualdad de género es un grave obstáculo para el desarrollo humano. A pesar del notable progreso global en la situación de mujeres y niñas desde 1990, la equidad está lejos de ser alcanzada, especialmente en algunos países asiáticos y africanos.

En 2015, a nivel mundial predominaban los empleos en servicios sobre los empleos agrícolas, aunque para África subsahariana no existan esos datos. La participación de la mujer en el mercado de trabajo es menor que la del hombre en todos los países del mundo (50% frente al 72%), pero con una variabilidad interesante sobre la que se debe profundizar: efectivamente, no son las mujeres europeas, ni las de los países más ricos con asentamiento mayoritariamente urbano las que más participan en el mundo del trabajo, sino en las de los países del África Subsahariana —mayoritariamente rurales—, en los que lo hacen el 70% de las mujeres frente a 76 de los hombres. Las mujeres de los países árabes presentan las menores tasas (22%).

Para reflejar las diferencias en la distribución de los logros entre mujeres y hombres, se utilizan diferentes índices cuyo número ha aumentado en los últimos años. Los dos índices complejos más utilizados son el índice de desarrollo [humano] de género (IDHG), que se obtiene dividiendo el índice de desarrollo humano —IDH— obtenido para las mujeres por correspondiente a obtenido para los hombres) y el índice de desigualdad de género (IDG, que mide el costo que supone la desigualdad de género para el desarrollo humano integrando la información cinco indicadores seleccionados sobre diferentes etapas de la vida de las mujeres, e incluye la proporción de mujeres y hombres en la fuerza de trabajo).

Ambos índices varían entre 0 y 1, siendo los valores medios en 2015 de 0,938 y 0,443, respectivamente para el IDHG e IDG. Noruega y la República Centroafricana ocupan los extremos de la clasificación para ambos índices (respectivamente 0,053 y 0,648 para el IDHG, y 0,938 y 0,443 para el IDG).