1541 y 1544. «Las edades y la muerte» y «La Armonía», Hans Baldung © Museo Nacional del Prado. Interpretación simbólica de la etapas de la vida, representan respectivamente el envejecimiento físico y de la finitud de la vida, y el estado ideal en la llamada «edad de oro» de la Grecia clásica, donde «no existía ni la guerra, ni el trabajo, ni la vejez, ni la enfermedad»

El ciclo vital humano en los albores del Antopoceno

Los ciclos vitales de todas las especies reflejan adaptaciones y ajustes que han debido realizar para vivir en los ecosistemas que ocupan y sobre los que tienen una cierta capacidad de modificación. En nuestra especie biocultural, la capacidad de transformación ambiental se maximiza y acelera a lo largo del tiempo, ligada a los determinantes esenciales de su ciclo vital (reproducción, viabilidad por edades y crecimiento poblacional), y a su compleja organización social y tecnológica para obtener alimentos, agua y todo tipo de recursos materiales.

Es importante situar la evolución del ciclo vital humano en la escala temporal de la historia de la Tierra, para comprender la interacción entre su adaptación biocultural al medio que ocupa, y su capacidad de modificarlo a través de su conocimiento cultural y tecnológico. Los sucesos de la historia de la Tierra y de la vida se ordenan cronológicamente en grandes unidades estratigráficas, las eras, divididas en unidades de tiempo menores: periodos y épocas. El periodo Cuaternario tiene dos épocas: el Pleistoceno iniciado hace 2,9 m.a., caracterizado por las glaciaciones y por la aparición de nuestra especie hace unos 250.000 años; y el Holoceno, iniciado hace unos 11.600 años, caracterizado por un clima más templado y por la aparición de la agricultura y la vida sedentaria.

El término «Antropoceno» se ha incorporado recientemente al lenguaje cotidiano para designar el momento actual en el tiempo, caracterizado por una acelerada destrucción ambiental de origen humano. Hay sin embargo discrepancias sobre su cronología, dependiendo de la revolución cultural con la que se asocie su inicio, la agrícola para algunos autores o la industrial para la mayoría. Aunque el término nació en la primera mitad del siglo XX se hizo popular a principios del siglo XXI cuando Paul Crutzen, Nobel de Química en 1998, lo propuso para designar una nueva era geológica caracterizada por la rápida y extensa destrucción de los ecosistemas por acción humana. Su denominación como nueva era no ha sido oficialmente ratificado por la Comisión Internacional de Estratigrafía: Sin embargo, su incorporación al lenguaje cotidiano es ya irreversible. [Cristina Bernis.]