Junio 2018

El embarazo adolescente en Bolivia: un desafío pendiente

Desde el asiento trasero de un microbús de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) observo la cara de un niño de unos cuatro años de edad que mira atento a través del cristal. Aunque en la foto no se aprecie, la que va sentada a su lado podría ser su hermana, pero resulta ser su madre: no tiene más de 16 años.

En Latinoamérica, en los últimos años, se ha reducido el número de hijos por mujer, pero se ha incrementado por el contrario la cifra de mujeres menores de 20 años que están embarazadas o han tenido ya hijos e hijas. El embarazo adolescente es un desafío pendiente en Bolivia, que amenaza la vida y el bienestar tanto de las madres como de sus descendientes. Se estima que la tasa de maternidad adolescente es de 70 nacimientos por cada 1.000, una de las más altas de Latinoamérica. Esto se agrava en el área rural, donde las niñas viven lejos de casa para estar más cerca de la escuela, y se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad.

Según la Organización Mundial de la Salud, el riesgo de muerte materna es cuatro veces mayor en niñas y adolescentes que en mujeres de entre 20 y 30 años. Además, las prevalencias de  partos pretérmino (antes de la semana 37 de gestación), de bajo peso al nacer (con menos de 2.500 gramos) o de  mortalidad neonatal son mayores en bebés de madres adolescentes, tal y como indica Claudia Vivas, Jefa de Supervivencia Infantil y Desarrollo de UNICEF en Bolivia. La desnutrición infantil es, en muchos casos, consecuencia de este tipo de embarazos tempranos, de tal manera que el 38% de los niños y las niñas desnutridos han nacido de madres adolescentes.

La pobreza tiene un gran peso en este asunto: el 5,5% de la población boliviana vive por debajo de 1,9 dólares al día. La cultura machista y la violencia en el país también siguen siendo detonantes de la alta frecuencia de los embarazos adolescentes. El 45% de las mujeres a partir de 15 años afirma haber vivido una situación de violencia en la pareja en los últimos 12 meses, estimándose que el 60% de las denuncias de violencia sexual contra las mujeres ocurren dentro del contexto del hogar.

Según Naciones Unidas, las altas tasas de embarazo adolescente podrían reducirse con una adecuada educación para la sexualidad y un mejor acceso a métodos anticonceptivos; de hecho, tan sólo el 12,5% de adolescentes y jóvenes usa algún tipo de anticonceptivo moderno. Además, el aborto es ilegal en Bolivia bajo pena de cárcel, y existen muchas dificultades para conseguir una interrupción del embarazo libre, incluso en casos de violación, lo que lleva a muchas adolescentes a recurrir a prácticas poco seguras que ponen en riesgo su salud.

En suma, es necesario un cambio en las políticas reproductivas y el desarrollo de servicios diferenciados de salud para adolescentes para hacer frente a la problemática del embarazo adolescente en el país.

 

Irene Aulestia Antón y Alejandro Herreros Garrido han seguido estudios de Grado en Biología (Universidad del País Vasco) y de Diplomatura en Terapia Ocupacional (Universidad Complutense de Madrid), respectivamente, habiendo cursado posteriormente el Máster Interuniversitario UAM-UCM-UAH en “Antropología Física: Evolución y Biodiversidad Humanas”. La imagen que ilustra su texto fue realizada por Jon Fernández Iturregi, cuyas fotografías pueden seguirse en su Instagram @blackandwhitejon. La imagen fue tomada el día en el que Irene y Jon se desplazaban en un microbús desde el centro de Santa Cruz de la Sierra hasta la zona suburbial de Los Lotes, en su primera jornada de trabajo voluntario en la asociación de apoyo a niños y niñas “Plataforma solidaria”, con sede en esta ciudad boliviana.