Cosechando centeno para el pan de cada día: trabajo y empleo

1960 h. Aporte de alimentos a la economía familiar, Andiñuela de Somoza, León (España) © Belarmina Fernández

Cosechando centeno para el pan de cada día: trabajo y empleo

La contribución de las mujeres a la economía familiar ha sido la norma desde las primeras economías agrícolas y se mantiene hoy en día entre la mayoría de las mujeres rurales y urbanas del mundo en desarrollo, donde persisten importantes diferencias de género.

En 2015 la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo en el conjunto de poblaciones humanas era del 49%, frente al 72 % de los hombres. Las zonas del mundo con mayor proximidad en fuerza laboral entre mujeres y hombres corresponden a África Subsahariana (65% y 76%, respectivamente) y a Asia del Este y Pacifico (62% y 79%), regiones donde todavía es mayoritaria la población rural y en las que el trabajo agrícola de las pequeñas propiedades familiares no es remunerado. La región con mayores diferencias es Asia Meridional (28% y 79%, respectivamente).

En España y otros países europeos, el trabajo agrícola y los de servicios y cuidados familiares de las mujeres se ha definido hasta hace unas décadas como ayuda familiar.

Las mujeres han trabajado siempre, pero no han estado empleadas dado que no cobraban. Paradójicamente, en el siglo XXI las mujeres que se han incorporado a empleos profesionales diversos deben a su vez emplear a otras mujeres —muchas de ellas, inmigrantes— para realizar los trabajos de servicio que sus antecesoras hacían sin cobrar, porque no tenían alternativas y el trabajo agrícola permitía compaginarlos, si bien con una enorme carga física y emocional.